jueves, 26 de abril de 2007

CÓRDOBA, UN VERGEL DESPUES DE LA SEQUIA













La visita a Cordoba de Charlton Heston y el resto de miembros que participaron en el rodaje de El Cid les hizo abrir los ojos. En su momento de mayor apogeo, allá por el siglo X, la Córdoba del califato omeya encarnó la máxima expresión de la civilización humana. Cuando el resto de Europa se hallaba todavía sumida en la edad de las tinieblas, Córdoba se había convertido en un importantísimo centro cultural, comercial y científico. Los musulmanes pasaron a encarnar a los nuevos romanos, los que rescataron a Occidente de los bárbaros visigodos y sembraron en última instancia la simiente del Renacimiento.

Capital de Al-Andalus, Córdoba se convirtió en “un vergel después de la sequía”. Exiliada después de que los abasíes la expulsaran de Bagdad, la dinastía omeya buscó refugio en la península ibérica, donde se encontró con un pais desmembrado tanto cultural como geográficamente. En concreto, esta dinastía se estableció en Córdoba, una modesta población que los romanos habían fundado en el punto más alto del curso del Guadalquivir, cuyo progresivo descenso marcaría el declive definitivo de la gran capital omeya. Junto al lecho mismo del río se construyeron numerosas norias para llevar agua a la ciudad y a los campos de cultivo de la región. De todas ellas, tan sólo se han conservado una, la de Albolafia, aunque permanece en desuso desde que la reina Isabel la Católica se quejase del ruido que producía durante su estancia en el alcázar.

Los Omeyas hicieron de Córdoba su patria espiritual, a imagen y semejanza de su añorada Damasco, pero con el tiempo acabo convirtiéndose en la capital del califato independiente de Al-Andalús.
En claro desafío con los preceptos coránicos, Córdoba se convirtió en la tierra del vino, las mujeres y la música, una sociedad que supo conciliar los lujos y los placeres con el cultivo del intelecto. Además de la extraordinaria mezquita de tonos blancos y rojos, esta sensual noción de la vida que hicieron gala los andalusíes dejó como legado a la ciudad un sinfín de acogedores jardines y patios con susurrantes fuentes de aguas y paredes encaladas de un blanco inmaculado. Con sus calles y sus recónditas plazas hermosamente iluminadas de noche, el barrio de la Judería parece haberse anclado en el pasado, cuyo silencio rompe de vez en cuando el inconfundible tañido de una guitarra.

Los patios siguen siendo una de las señas de identidad de los cordobeses, y todos los meses de mayo compiten entre si por hacerse con el premio del patio más hermoso de la ciudad. La córdoba de hoy en día hace tiempo que dejó de ser un centro comercial de importancia para convertirse en una tranquila capital de provincias centrada en la producción de aceite de oliva. La comida sigue haciendo honor a su pasado árabe, y la población, joven y alegre, como su oriundo Joaquín Cortes, abarrota las cafeterías y los bares de la calle Romero para degustar el montilla moriles de la región.

Si se mira hacia el pasado, Córdoba viene a encarnar el ideal utópico de una ciudad cuya historia reta las cruzadas de los libros de historia. Nosotros, los viajeros, podemos optar por Madrid, Barcelona o Granada, pero como bien saben los lugareños esta es la madre de todas las ciudades.

martes, 17 de abril de 2007

ULAN BATOR, UN SUEÑO PARA LOS NOMADAS








Para los habitantes de la capital de Mongolia Exterior, el proverbial centro de ninguna parte es el centro del mundo. Situada en una estepa ventosa rodeada de los cuatro picos sagrados del extremo del desierto del Gobi. Éste es el más grande del planeta y esta ciudad es la única zona metropolitana del país.
El concepto de ciudad choca con la naturaleza nómada del pueblo mongol. Como su campamento principal, una serie de gers o tiendas de fieltro o cuero, Ulan Bator se ha ido trasladando y ha modificado el nombre con cada cambio de ubicación. Y estos cambios han sido numerosos: en el siglo XII, bajo el mandato de Gengis Kan, el mongol más famoso del mundo, Mongolia contaba con un imperio que abarcaba desde el Danubio hasta el Pacífico, el más grande que ha existido nunca.

Habría que esperar a 1788 para la fundación de Urga (Antiguo nombre de la ciudad), ya que el campamento había crecido tanto que era preciso establecerlo en un lugar fijo. Las crónicas hablan de un centro rico, lujoso y cosmopolita de comercio, enseñanza y tolerancia religiosa. Las gers de textura lisa creaban la ilusión de una “ciudad de fieltro”, que más tarde sería ocupada por rusos, tibetanos y chinos, y en la que se intercalaban cúpulas bizantinas, templos budistas y monasterios con llamas cubiertas de telas de color naranja. Se dice que la yurta del ultimo Khan (que se hacia llamar Batman) estaba cubierta con la lujosa piel de un guepardo.
El nombre de Ulan Bator significa “héroe rojo”, lo que da una idea de lo que estaba a punto de ocurrir en la capital mongol. Los soviéticos la invadieron y eliminaron las costumbres medievales. Como explica Tiziano Terzani, “el símbolo de modernidad era la ciudad, de manera que incluso los mongoles- nómadas, pastores, hombres de la estepa- acostumbrados a vivir en yurtas, debían tener una”. La ciudad recibió la huella soviética, con el broche de oro de las calles Lenin y Stalin. Los automóviles sustituyeron a los camellos; los fríos y grises bloques de apartamentos surgieron como setas en detrimento de los gers, y las llamas, junto con la empresa privada y la libertad de enseñanza, incompatibles con el comunismo, desaparecieron de la ciudad.
El imperio soviético ya no existe y Mongolia es independiente de nuevo, pero Ulan Bator probablemente nunca recuperará su carácter y su mística orientales originales. Tal vez los conceptos de estado y modernidad sean irreversibles, y la influencia soviética resulte demasiado concreta e imborrable. Sin embargo, entre el polvo de los edificios que han dejado atrás, las llamas adivinas están regresando y la identidad mongol se va recuperando. Los mongoles vuelven a estar orgullosos de Genghis Kan. Cada mes de julio, en la céntrica plaza Sikhbatar, se celebra el festival de lucha de Nadaam, una versión mongol de los gladiadores y un homenaje a los músculos.
A pesar de la existencia de estos rituales, se percibe que la conciencia colectiva de pueblo ha desaparecido. Sin embargo, Ulan Bator ya no es una mera curiosidad turística en el recorrido del Transiberiano, ni Mongolia Exterior es una metáfora burlesca de lo perdido: es, de nuevo, un destino por derecho propio.
Por último debo decir como dato curioso que es el único país donde se puede comprar un lobo. Hoy en día, los lobos abundan en nuestra “fauna ciudadana” y todos tienen “un precio”.

martes, 3 de abril de 2007

GANTE, EL NACIMIENTO DE UN EMPERADOR





Lo primero que nos sugiere Gante es su tranquilidad y su familiaridad, el hacernos sentir como en casa desde que prenden en nuestros ojos sus románticos campanarios. Gante debe su nombre a la etimología gaélica Ganda, que significa cruce o confluencia, en su caso la de los rios Escalda y Lys, que regalan al viajero que los surca un delicioso paseo en barco.
Hay ciudades que las recordamos por sus monumentos, otras por sus rutas o acontecimientos, y otras por haber dado a luz, en sentido metafórico, a algunos de los personajes más populares de la historia. En este momento seguro estáis pensando quien fue el personaje que nació en Gante. Pues si, se trata de Carlos I de España y V de Alemania, uno de los hombres más poderosos de todas las épocas e hijo de nuestra “loca” más famosa, Juana. Desde aquella época, todos los ganteses han tenido una relación de proximidad con el monarca español, ya que se habla de él como si fuera un político local. Unas veces de idolatría y otras de humillación. Una vez Carlos I sometió a los ganteses a una dolorosa humillación pública: les condenó a que salieran a la calle vestidos tan sólo con unas sayas y con una soga al cuello. Lejos de querer olvidarlo, todavía salen igual a la calle durante las fiestas de Gante- que se celebran todos los años en el mes de julio-, orgulloso y altivo, en rencorosa conmemoración de los conocidos como “Los de la soga en el cuello”. En el 2000 se celebró el quinto centenario de su nacimiento, ya que allí se le reconoce como Carlos V de Alemania y no I de España.

Se la conoce también como La ciudad de las cuatro torres, siendo la soberbia de sus campanarios la que se hace sabedora de mucha más historia que cualquier libro. Destacamos la torre del Campanario Municipal, declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad y desde donde se puede observar la ciudad desde las alturas. También se obliga, más que un puro consejo, a que se visite el barrio medieval Patershol, donde el musgo y las estrechas calles hacen que el paseo rememore antiguas huidas de los religiosos y seglares entre sus pasadizos, cuando las cosas se ponían muy feas. Como placer último después de haber ejercitado las piernas, nos haríamos tripulantes de un barco con la intención de recorrer sus eternos canales. En ellos, la ciudad tiene otra sensibilidad y otra forma de ser vivida. Divisar y reconocer en sus fachadas parte del siglo XVI, cuando la ciudad era la más grande de Europa (Salvando Paris) al norte de los Alpes.


Gante compite en belleza con la cercana Brujas y en poder con Bruselas. Sabedora que juega con la desventaja del desconocimiento por parte de los no belgas, trata de potenciar sus encantos, como una amante herida en su orgullo, tratando de que el viajero se quede prendado con los dulces aromas a chocolate, con el olor penetrante a incienso de sus iglesias, con los 250 tipos de cerveza del “De Bulle Griet”, y con la combinación perfecta de su gastronomía entre la exquisitez de la francesa y la abundancia de la alemana. Es una ciudad para soñar despierto.

También podemos hablar del primer club feminista de la historia. Los beaterios (donde debemos decir que la culpa inicial de su creación la tuvieron las cruzadas) se fundaron cuando los europeos emigraron en masa a defender la lejana Jerusalén y muchas mujeres quedaron solteras y viudas. Algunas no tenían dinero para pagar la excesiva dote que pedía un convento, otras simplemente querían vivir tranquilas a su aire. Así nacieron en el Siglo XIII los primeros beaterios, verdaderos gineceos en las afueras de la ciudad. Además prometían la castidad y eso es lo mas curioso dada su falta de medios todas tenían que ganarse la vida trabajando. Así nació sin querer el primer grupo de mujeres emancipadas de la historia en un mundo oscuro y medieval donde las féminas eran un instrumento para ganar guerras o parir hijos. Ellas fueron los ejemplos a todas las mujeres que quisieron vivir solas y con su propio sueldo.

















lunes, 26 de marzo de 2007

BERLIN, UN MURO QUE DERRIBAR






Berlin tiene una fecha gravada en sus calles. El 9 de Noviembre de 1989 cayó la primera piedra del Muro de Berlin. Diez años más tarde, de haber juntado todas las piezas del muro que los oportunistas decían poseer, probablemente se tendría un muro cinco veces más de alto del que realmente existía. Después de todo, ha habido suficientes escombros para explotar desde que la “ewig junge Stadt(“Ciudad eternamente joven”) de Marlene Dietrich se convirtió en la mayor obra de Europa Occidental, una zona de recreo para los principales arquitectos del mundo, parte de un enorme programa de rejuvenecimiento posterior a la reunificación. Cuatro naciones lo compartían. JFK dijo que era berlinés. Ahora todo el mundo quiere su trocito.

Berlin pasó a ser una ciudad de encrucijada de culturas. De un día a otro se cambió totalmente sus valores, formas y creencias. Recuerdo una anécdota que me contaron allí. Un panadero de la parte oeste contrató a un aprendiz que había vivido siempre en la parte este. El panadero se marchó del negoció y cuando volvió no vió a nadie trabajando. Al día siguiente preguntó al aprendiz porque se había ido, y este le respondió “Se terminó la harina”. Hoy en día las mentalidades ya han cambiado y se han adaptado a los nuevos tiempos de libre mercado. Sugiero ver la película “Goodbye Lenin” del director Wolfgang Becker.

Una mujer se convirtió en icono en una época en la que Paris era la vanguardia. Marlene Dietrich nació artisticamente en los humeantes clubes de la Alemania de los años 20. Eran el escenario idoneo para que su atrayente sensualidad y liberal sentido de la sexualidad convirtieran la ciudad en el polo alternativo de las modernidades francesas. “El angel azul”, sobrenombre por el que se la conocia, dió vida a los cabarets de entre guerras. Hoy podemos ver como continuación del licencioso liberalismo de Friedichstrasse la Love Parade: un millón de personas construyendo el futuro en el Tiegarten (literalmente, “jardín de los animales” y antiguo pabellón real de caza), a ambos lados del bulevar central de Unter den Linden.

Los años de vanguardia también fueron los de Bauhaus, la unión estética y funcional del arte con el diseño creada por Walter Gropius. Esta herencia arquitectónica, junto con la urgente necesidad pos-República Democrática Alemana de reinventarse a si misma, ha sido el desencadente que ha provocado la aparición masiva de agencias inmobiliarias y de lo que ellos llaman la einstuerzende Neubau (construcción rápida de nuevos edificios). Hoy podemos ver como los principales arquitectos luchan por dejar su huella en esta ciudad. De esta manera, la nueva ciudad se contruye sobre las ruinas de la antigua tratando de no olvidar ni negar el pasado, sino cargarlo de significado creando santuarios para demostrar que han aprendido la lección.

Sin embargo, hay quienes no entienden todo este revuelo (especialmente los que no saben nada de grúas, vidrio y aluminio) y dejan pasar la oportunidad de observar como se transforma una metrópolis inusual, silenciosa, extensa y definitivamente rural en algunos lugares.


Berlin, con semejanzas a su cercana Amsterdam, se puede considerar como un pais dentro de un pais por el florecimiento de una cultura de bares alternativos y una energia caótica y carnal, aunque norteña, muy diferente a la de cualquier otro lugar de Alemania, si no de toda Europa.

martes, 6 de marzo de 2007

PRAGA, LA CIUDAD MÁS HERMOSA DE EUROPA







Demasiados pretendientes para una sola mujer. Debido precisamente a que parte de la belleza de Praga se echó a perder en la Segunda Guerra Mundial y lo que quedaba de dicha belleza se conservó por casualidad durante los cinco decenios siguientes de descuidado comunismo, hoy se percibe la tensión provocada por su repentina y total occidentalización. Todos la quieren.


Kafkiano” y “bohemio” son dos palabras a las que ya se ha despojado su significado por el uso indiscriminado que se ha hecho de ellas, y en ningun lugar tanto como aquí. Este lugar de origen de estas palabras (la capital checa se encuentra en la provincia de Bohemia, asi nombrada por su tribu colonizadora original, los boii celtas) es de una natural belleza y un despertar para los sentidos más refinados. Durante el dia, el famoso Karluv Most (puente de Carlos) cruje bajo el peso de los visitantes que miran alegres a los bufones, a los falsos violinistas judios y escuchan las notas del “Eine Kleine Touritmusik”(Mozart compuso aquí Don Giovanni), lo que hace difícil pensar en algo menos bohemio, menos original y menos artístico, o imaginar la ciudad envuelta en una ansiedad paranoica macabra.


Pero Praga siempre tendrá el dominio de las horas del crepúsculo y la noche. Al otro lado del rio Moldava (Vltava, en checo), la gran fachada del castillo Hradcany, en la colina y con sus numerosas ventanas, se cierne de forma inquietante como una presencia ineludible o una conciencia que todo lo sabe y todo lo ve. En Mala Strana, tiene lugar un juego de sombras entre los huecos de los arcos semiocultos, las estrechas escaleras y los pasajes escondidos bañados en la luz ondulante de las farolas de la calle. Praga es un lugar espiritual que hace creer en fuerzas invisibles en la magia. Es la ciudad del Golem, el autómata de arcilla que se comporta como un loco de la creación y que surge en el gueto judio de Josefov ( el más rico y arraigado de Europa), e inspirado por el espíritu del alquimista. Entre sus miles de agujas doradas y en su rastro nocturno de ansiedad, alejamiento y extremismo totalitario, la huella de la ficción de Kafka en la realidad de Praga, por muy estereotipada que resulte, es innegable.

Aconsejo de una manera insistente la visita del cementerio bautizado por mi como el de las “mil tumbas”. Es uno de los espectáculos increibles de piedras encantadas y apilonadas por falta de espacio. Paseando por sus estrechos senderos te surgen multitud de reflexiones. Para alimentar aun más el alma recomiendo ir a alguna de las representaciones musicales que ofertan en las calles. El ofrecimiento de un coro muy bien dotado y una orquesta mejor engranada fue uno de los placeres que nos dió esta ciudad. Carmina Burana atronaba en el teatro y te daba la sensación de fuerza que Carl Orff quiso transmitir cuando tomo prestados una colección de cantos goliardos de los siglos XII y XIII.

Fue el sacro emperador romano, Carlos IV (el del puente), quien protagonizó la primera edad de oro de Praga cuando se logró el aspecto gótico de Staré Mesto (ciudad vieja). Se convirtió entonces la plaza principal de Staromestske Namesti en el centro magnético de la ciudad, con su torre de reloj de cuento, su reloj astronómico y las imponentes agujas gemelas de la iglesia de Tyn. La segunda edad de oro, esta vez barroca, llegó con el dominio Habsburgo, cuando los barrios separados de la ciudad se unieron por primera vez en uno solo, en 1784. Aquí se incluyen los tesoros de Art Nouveau y Art Déco de Nove Mesto donde tenemos una importante representación en las fachadas de la plaza de Wenceslao (escenario de las manifestaciones pacíficas que desencadenaron la Revolución de Terciopelo de Praga ante Moscú, pero tambien de la invasión de tanques sovieticos durante la primavera de 1868 para anular la liberalización impulsada por Dubcek). Pero las libertades que se han apoderado de los restaurantes y los grandes almacenes de estos Campos Eliseos del centro de Europa poco tienen que ver con la tristeza que había antes y con el sufrimiento de quienes lucharon por ellas.

Tierra de Staropramen y de la Pilsner original, Praga ha liderado la nueva rapsodia occidental para Europa del Este, pero ahora se encuentra alterada por un invasor posmoderno irrefrenable: está inundada de turistas. Tómense los lectores dos dias para ir en la manada que atraviesa el puente y la plaza y dos días más para observar y sentir esta ciudad con una cerveza en una terraza de cualquier plaza alejada.


martes, 20 de febrero de 2007

BUENOS AIRES, MALOS TIEMPOS PARA VOS











BUENOS AIRES, MALOS TIEMPOS PARA VOS

Tiene una canción Fito Paez que me emociona sobre manera. Recoge la descripción poética de una ciudad a la que ama y a la que hoy toca dar un homenaje. La canción en cuestión dice así:

" En Buenos Aires brilla el sol y un par de pibes, en la esquina, inventan una solución.

En Buenos Aires todo vuela, la alegría, la anarquía, la bondad, la desesperación... En Buenos Aires casi todo ya ha pasado de generación en degeneración." .

Solo poner el pie en tierra se encuentra uno con una ciudad en continua transformación, orgullosa y nostálgica de su pasado, poniendo en boca de cada bonaerense que cuando el 1 a 1 vivian mejor. Hoy en día aun quedan esos ecos y te provocan una sensación de que se disfruta con las glorias pasadas y hay escasas ilusiones en los nuevos proyectos.

Hay un célebre dicho popular que dice: "Los mexicanos provienen de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos, de los barcos". Y es que Buenos Aires es una ciudad de inmigrantes e influencias del extranjero, distinta, tanto en su aspecto como en su carácter, del resto de las grandes metrópolis sudamericanas.

Fue fundada, como no podría ser de otra manera, a orillas del Río de la Plata en el siglo XVI. En sus orígenes una importante comunidad genovesa la reinventó para que a finales del siglo XIX fuera una potencia en la industria cárnica y un importante centro cultural cuando el resto de Occidente pasaba penurias por las guerras y las depresiones.

Algunos adjetivos más que me vienen a la mente cuando escribo sobre esta ciudad son los de Introvertida, obsesionada con la apariencia, con capacidad para reinventarse y egocéntrica cual Narciso en su estanque.

" Y Buenos Aires come todo lo que encuentra como todo buen Narciso, nadie como yo.

Pero el espejo le devuelve una mirada de misterio, de terror y de fascinación."

Buenos aires supo asimilar lo mejor del resto del mundo, con lo que dotó a sus calles de la esencia de la mejor arquitectura mundial: Bulevares parisinos, un teatro de ópera de estilo barroco español, monumentales fuentes italianas y una cuadrícula modernista semejante a la de barcelona. A su vez, los muelles de Puerto Madero se inspiraron en los de Londres, al igual que los buzones y las cabinas telefónicas de color rojo del elegante barrio de Recoleta, donde nació y esta enterrada Eva Perón. El resultado de semejante mezcolanza es una sensación curiosa, con todos los símbolos de una ciudad imperial, pero sin una historia imperial tras de sí, en fin, un auténtico palimpsesto (Me encantó esta palabra oída a un porteño).

La mejor forma de conocer la ciudad es a través de los taxistas. A los que somos curiosos nos encanta que nos cuenten cosas de cada ciudad y ningún lugar fue tan bueno para esta práctica como Buenos Aires. Es una enciclopedia "taxista". Recuerdo que mientras nos llevaban a los diferentes destinos, los taxistas soltaban la mano del volante y, haciendo aspavientos y exagerados ademanes, nos pasaban lista a la situación política, económica y social del país. Si algo no lo quería platicar nos decía sin inmutarse "eso no lo conversemos".Nos quedamos con la sensación que de nada sirven los tertulianos radiofónicos cuando es un taxista el que habla. Un orgullo ser de este gremio en Buenos Aires.


No seriamos justos si no dijéramos que es una ciudad erótica y sensual. Es aquí donde nació ese baile que es lo más próximo a una penetración en posición vertical y con la ropa puesta. Hubo que esperar a que los franceses adoptaran el tango en su cultura para que el pequeño bandoneón se hiciera un hueco entre las clases adineradas de Buenos Aires. El ritual de este peculiar coito bailado no ha perdido ni un ápice de su brío en manos de los elegantes hombres vestidos de negro cual réplicas de Julio Iglesias. El otro gran placer carnal de la ciudad es su célebre carne a la parrilla, presente hasta en la más humilde de las casas.

Estos dos placeres resumen la esencia paradigmática de Buenos Aires: por un lado, el nostálgico y decadente hedonismo forzado de miles y miles de italianos y españoles que huyeron de los rigores del Viejo Continente y, por otro, ese sentimiento de culpabilidad tan vituperado que hace que uno tome conciencia de que lo propio y bueno llegué algún día a su fin. Pero aun entonces, siempre habrá tiempo para un último tango. Pero esta vez no será Paris quien bien valga “este” tango.


“En Buenos Aires nos acechan los fantasmas
del pasado y cada tango es una confesión.
Cuando en el mundo ya no quede nada,
en Buenos Aires la imaginación.

En Buenos Aires he perdido mil batallas
pero hay una guerra que pienso ganar”.

jueves, 8 de febrero de 2007

I LOVE NY








Lo primero que te llama la atención cuando conoces a NY es que te “suena su cara”. Es decir, que te embarga esa inconfundible sensación de un déja vu, o más exactamente, un déja visité. Quien mejor describe lo que digo es Stevie Wonder (si, el de “si bebes, no conduzcas”). Este famoso compositor y cantante tiene una canción que se llama “Living in the City” donde una parte de una estrofa dice:”New York, Just like i pictured it”. Supongo que los lectores doctos en ingles (el mio es malo porque mi profesor es malo) sabrán traducirla inmediatamente y si no, poco más o menos, sería “Nueva York, tal como me la había imaginado”. Nada resulta extraño, sino al revés, todo tiene un aire familiar: Las luces de Broadway, los taxis amarillos, el vapor que sale de las alcantarillas, la gente que hace footing en Central Park, las curvas sinuosas del Guggengeim…


Para las generaciones que han crecido con las películas de Woody Allen o series tan conocidas como Kojac, Cagney y Lacey, Friends o Sexo en Nueva York, la ciudad de los rascacielos no depara sorpresa alguna, ni el atropellado inglés de los taxistas ni esa milagrosa habilidad para apretar el timbre de una puerta con dos enormes bolsas de papel marron que se han comprado en un supermercado vecino (“Colmado”, según los latinos). Tuve la oportunidad de visitarla durante tres semanas hace un año. Estuve durmiendo con una familia que vivia en Brooklin, al lado de Prospect Park. Solo la entrada con esa barandilla típica de las calles neoyorkinas ya era de teleserie. Además, todas sus conductas, comportamientos y situaciones vividas me hacian sentir como si nos estuvieran continuamente filmando para salir en una “movie” o por la TV. Era muy divertido predecir cosas con la única información de lo que ya habia visto en alguna película. Recomiendo ver “Manhattan” de Woody Allen antes de visitarla. Si, ya se que es muy tópica, pero reencarna el espiritu de esta ciudad a la perfección. También sugiero “Gangs of New York” con una increíble interpretación de Leonardo Di Caprio y una visión muy sugerente de cuales fueron los inicios de esta imponente ciudad.


NY no decepciona. Se entrega de lleno a todo aquel que se presta. Además, le obliga a uno a reconsiderar la idea que pueda tener de ella. Una vez pasado el primer trance de familiaridad, las primeras veinticuatro horas de exposición le pueden dejar a uno tan entusiasmado como derrotado, molesto o perplejo. La primera sensación que tuve al salir por una boca de metro en Manhattan fue la de una hormiga diminuta en medio de unos gigantes de hormigón. No dejaban ver el cielo y mis ojos recorrian sus terribles fachadas buscando algo de luz. Es una emoción indescriptible. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en el World Trade Center, NY volvió a ser la ciudad donde más ojos se dirigian. Gracias a las nuevas tecnologías pudimos ver la catastrofe en directo y también vimos el terror dibujado en sus habitantes y la posterior fuerza y determinación para superar tamaña tragedia. Con su skyline (el más famoso del mundo) cercenado para siempre, es posible que su espiritu también haya cambiado, esta vez para bien.


Asi como en otro artículo dijimos que Sevilla podria representar bien los tópicos que se le atribuyen a España, NY no es ni mucho menos América. En esta ciudad siempre se respira un aire diferente que es un combinado o mezcla de razas, valores, paises… es un cocktail perfecto que se nutre de todas las culturas para ser una de las ciudades con más vida diurna y nocturna que he conocido nunca. Un buen consejo gastrónomico que os voy a dar es que viajeis a todos los paises del mundo a través de su comida “chatarra”. Podeis elegir cualquier restaurante de comida rápida y barata con la única condición de que cada dia sea de un pais diferente (No os imaginais la cantidad de sorpresas culinarias y de sabores exóticos que os vais a encontrar). Por poco dinero podreis comer en un etiope de Queen´s, en un Mongol de Brooklyn, en un australiano (excelentes vinos) en Staten Island. Todos estos barrios forman la increíble diversidad de esta ciudad dotandola de carácter propio y haciendo micromundos dentro de lo que ya es un estado dentro de otros Estados más “unidos” por su cultura homogénea. Hay tantas cosas que ver en esta ciudad que los primeros turistas de la ciudad son los propios lugareños, habitantes de un Nueva York que desconocen. Mi amigo John, oriundo de esta ciudad, nunca ha visitado el Bronx.

Desde Woodlawn Cemetery hasta la Mcsorley´s Old Ale House de East Seventh Street, desde el almuerzo en el Sylvia´s on Lenox en el barrio de Harlem hasta el jazz de Village Vanguard, desde las ostras del bar de la Grand Central Station hasta los pasillos de la sección de libros de segunda mano de la Srand Book Store, hay infinidad de rincones insospechados, curiosidades, acrónimos (como DUMBO, Down Ander the Manhattan Bridge Overpass, “Por el paso bajo el puente de Manhattan”), bares, museos entretenimientos y comunidades étnicas para llenar toda una vida y no un mero bocadillo de salt-beef .


Hay una Gran Manzana para todos los gustos, intereses y expectativas y, cosas de la historia, podría haberse llamado Nueva Ámsterdam. Nueva York se merece no una, sino mil vidas para conocerla y amarla. Gracias Woody por presentárnosla.