jueves, 23 de agosto de 2007

L´ARIEGE NO QUIERE LAS MISAS DE PARIS. VIVAN LOS CÁTAROS!!!!

































Situado entre Toulose y Andorra, el departamento del Ariège es, sin ningún lugar a dudas, una de las regiones menos conocidas del país vecino. Y ese detalle es el que le da todo su encanto. Uno descubre que la mejor forma de viajar por los países es utilizando los cinco sentidos. La vista es la que principalmente se lleva la mejor parte; con el olfato y el tacto despertamos sensaciones casi ocultas; los sonidos son parte de la banda sonora de nuestro viaje y, finalmente, con el gusto obtenemos un mundo de sabores nuevos.En esta región, debemos ponerlos todos en activo ya que si no lo hacemos, corremos el riesgo de perdernos un festival de emociones que son indescriptibles.

L´Ariege es una de esas regiones casi ocultas para la gente ya que siempre se relaciona el turismo de Francia con París. Es por ello que esta región nunca ha olvidado su historia. Podemos comenzar nuestro viaje en las cuevas de Niaux donde, en un divertido paseo, observaremos como vivían los hombres prehistóricos en sus cuevas. En el recorrido se puede aprender en diversos talleres como se hacia fuego, como se cazaba, o incluso, podemos coger unos pinceles para pintar en las paredes de una cueva improvisada. El paseo es, a la vez que didáctico, muy interesante. La excursión acaba en un museo donde se muestran objetos de la vida cotidiana de nuestros antepasados.

Si avanzamos un poco más en la historia podemos visitar el castillo de Foix. Este castillo sirvió de guarnición y de prisión hasta el 1864. Hay una cosa muy curiosa que debemos observar y es que dentro de sus paredes hay inscripciones de los presos en las rocas. Allí veremos mensajes esculpidos en muchas horas de tedio. Podemos ver algún escrito como "Jean Pierre 1740 soy inocente", o "aquí habitó un prisionero de Roger". Los siglos IX y X fueron un período salvaje en el que las invasiones normanda, árabe, germánica y hungara destruirán el arte carolingio y la organización del imperio de Carlomagno.

Y continuando en la edad media podemos hablar de los Cátaros, ese movimiento religioso tan misterioso y que tanta tinta vertida ha provocado. Los cátaros, también gritados "Los Hombres Buenos" arraigaron en Occidente, y de modo particular en las tierra de Occitania, al sur de Francia.La amenaza que representaban contra la Iglesia Católica de aquellas fechas, fue una excusa para tratarlos como herejes y rebeldes sociales, i de esta forma juntarse por intereses la Iglesia y el Estado y exterminarlos.






Cuando los enigmas son quemados en las hogueras de la Inquisición, siempre quedan "cenizas" que pueden prender y dar forma a una apasionada historia de unos hombres, justos, buenos, piadosos, trabajadores y honestos, que en un momento dado de la historia, dieran muestras de ser heroicos valientes. Todo lo que predicaban en el acto lo llevaban a la practica, no amparándose nunca en el razonamiento hipócrita de " haz el que yo te digo, pero no el que yo hago" tan común en muchos sacerdotes.






Otra de sus virtudes era que a diferencia de los clérigos, trabajaban y no vivían de la caridad. Aceptaban donaciones pero inmediatamente eran utilizadas en servicios a la comunidad, reparando las casas de los pobres, los almiares, construyendo pozos artesianos, etc. todo eso contribuye a la terrible persecución que fueron objeto y a su posterior aniquilación.
Esta cruzada fue una gran ocasión que se le brindó a la monarquía francesa del Norte para ocupar las tierras del Sur, más rico y civilizado. Esta violencia contra los cátaros continuó años más tarde con los procedimientos empleados por la Inquisición y las posteriores hogueras colectivas ordenadas por los distintos brazos temporales de la Iglesia de Roma, para acabar con "gente indeseable y molesta".






Hay que comentar que hay una ruta de los cátaros que se desarrolla en los pueblos donde iban pasando. Como los pirineos no eran demasiado altos y ellos caminaban la increíble cantidad de 80 km al día, fueron hacia el norte de la actual Cataluña. Más curioso aún es que no comían nunca carne y que no mantenían relaciones sexuales, por lo que ellos podían "convencer" pero no de padres a hijos.






La tradición ocultista asegura que la noche antes de que cayera Montsegur, castillo que podemos visitar en esta región, se descolgaron cuatro hombres de la fortaleza para poner fuera de peligro El Tesoro Cátaro. ¿Qué era, en realidad este " tesoro"? Nadie, por supuesto, lo sabe. La mayoría de los comentaristas imaginó que lo que se puso fuera de peligro era la " Sangre Real" de Jesús. No es coincidencia que el mito del Grial se incorporara a la naciente literatura europea a partir del exterminio cátaro.






Nuestra visita a Ariege no puede dejar de lado nuestro gusto. La gastronomía francesa es reconocida mundialmente y los diferentes restaurantes son una muestra de ello. Un solo matiz quiero comentar. Los cocineros se toman con mucha responsabilidad el ofrecer una carta cocinada con los productos de la tierra y han creado una especie de Club de los Sabores donde dan premios a las mejores recetas.
En Ariege, nuestros sentidos se abrirán para que entren nuevas sensaciones, tan frescas como la naturaleza que envuelve esta preciosa región.

lunes, 30 de julio de 2007

PARIS, MON AMOUR, SIEMPRE "PAGUI"






















No hay nada más sensual y delicioso que oir de los labios de una guapa y elegantísima artista pronunciar el nombre de esta ciudad en su idioma original. Imaginenlo por un momento, por favor.

La gran belleza de Paris reside en que sigue siendo cien por cien parisina. Tras encogerse de hombros con un desdeñoso moue y un distante “bof!”, la ciudad ha aceptado, pero sobre todo ha ignorado, la llegada de otras culturas. Cuando abrió el primer McDonald´s , se tuvieron que cambiar los nombres de las hamburguesas (recuerde el rap “Royale con queso” de John Travolta en Pulp Fiction): incluso la más universal de las marcas tiene que acatar la disciplina parisina.



Paris resulta imperecederamente homogénea. El decimonónico trazado de calles del barón (modelo de numerosos diseños urbanos posteriores), al que dan solidez las Campos Eliseos, permanece casi intacto a pesar de los esfuerzos de los revolucionarios, los ocupadores, los liberadores y los hechos de 1968. Los edificios de pisos de tres y cuatro plantas, con el tejado abuhardillado, son el papel secante arquitectónico de la ciudad,capaz de absorber con la misma facilidad la Place des Vosges, del ancien regime, el centro Pompidou o la Pirámide de vidrio del Louvre diseñada por I.M. Pei. Mientras, sus hitos más conocidos llevan en pie al menos un siglo (la representativa torre eiffel y el blanquísimo Sacré- Coeur) o casi ocho (Notre-Dame).



El centro de la ciudad (la aglomeración más allá de la periferia es tan infinita como en la mayoría de las ciudades) es compacto y fácil de recorrer a pie. Los surrealistas daban mucho valos a la acción de caminar como el mejor modo de encontrar ·l´impromptu·, y no hay mejor manera de explorar París que tomando el metro hata una de esas estaciones tan sugerentes con nombres tan sugerentes y prometedores como Jasmin, Glacière o Pirámides, y pasear sin la ayuda de ningún mapa por la espiral de arrondissements y quartiers. En Montmartre o el Marais, en St Honoré o la Ile St. Louis, puede dejarse llevar por su olfato (en realidad, por todos sus órganos vitales):

Aspirar el aroma que sale de un pequeño bistro en la Rue St-Denis, donde puede tomar un croque monsieur o probar foie gras en Fauchon, ver un diminuto museo-taller (el Zadkine, por ejemplo) escondido en un callejón, o dar con las esculturas del jardín de las Tullerías, lejos del bullicio que rodeo, al Pensador de Rodin, a la Mona Lisa o a las Bailarinas de Dégas.



A ser posible ese paseo debe ser à deux, es decir, en pareja. No hace falta que Cole Porter diga que París es para los amantes o que Robert Doisneau lo muestre con su fotografía del famoso beso. París es romántica desde hace siglos, desde Abelardo y Eloíso hasta Jean-Paul Sastre y Simona de Beauvoir, que cenaban y conversaban en la Coupole, o Serge Gainsbourg y Jane Birkin en un tono más sensual. París es una ciudad atractiva, y todavía más de noche. Como Terence Conran, gran francófilo, ha observado, ninguna ciudad ilumina mejor sus monumentos que París.



Algunos parisinos creen que en su ciudad hay demasiados turistas, aunque es posible que ésta haya perdido terreno durante la década de 1990 a favor de nuevos centros de estilo como Estocolmo, Seattle o Berlín, pero sólo es un problema pasajero para una metrópolis con tanta fuerza cultural e intelectual. París posee muchas personalidades (el taller de Picasso, la ciudad gastronómica de A.J. Liebling, la sede de los juegos eróticos de Henry Millar) y una rica mezcla multicultural. La mitad de la población actual no ha nacido en la ciudad, prueba de que “Paris es un aire, un aroma y una actitud mental”, como afirma James Cameron.


Y acabaré este articulo citando a algunos personajes famosos que han llevado a “su Pagui” en la sangre como son Brigitte Bardott, Baudelaire, Simona Beauvoir, Henri Cartier Bresson, Moliere, Polanski.


Raulet Artillero

miércoles, 18 de julio de 2007

COPENHAGUE, LA NÓRDICA MÁS EUROPEA









Dentro de sus limites relativamente pequeños, Copenhague destila varias personalidades aparentemente contradictorias: como urbe marina sometida a los elementos, soldadito de ciudad de juguete y, más recientemente, como elegante centro de diseño. Todas coexisten en la modesta capital danesa, donde parece que todo el mundo se conoce.
En ocasiones, Copenhague parece una versión más salada de Ámsterdam, pero aunque ofrece paseos por canales junto a multitud de agujas y un dosel de tejados de color bronce, la vida portuaria de esta ciudad es mucho más importante: cruceros enormes se alinean a un tiro de ancla de Nyhavn, la animada zona de muelles, donde se venden mascarones de proa antiguos. El arenque, presentado de diversas maneras, está disponible, aunque muchos habitantes de la ciudad lo toman sólo en Navidad.





El lado más sentimental de Copenhague surge cada noche en los jardines del Tivoli, creación de un personaje de la sociedad danesa del siglo XIX que se inspiró en los jardines de Londres y Paris. Por la noche, cientos de luces suaves crean un luminoso país de hadas, mientras unos niños vestidos con uniformes de soldado representan un cambio de guardia. Al fin y al cabo, éste es el país de Lego y de Hans Christian Andersen; la estatua de la sirenita del cuento, uno de los iconos urbanos más conocidos del mundo, es una figura pequeña, nostálgica, para algunos, decepcionante insignificante que se encuentra a unos metros de la orilla, en las aguas del puerto. A lo largo de los años, su cuerpo ha sido decapitado, desmembrado y cortado.





Esta cursi visión del “maravilloso Copenhague” es posible que provoque en los diseñadores de la ciudad de una ironía posmoderna. El orfebre Georg Jensen y el polifacético creador ARNE Jacobsen, que superviso el diseño del hotel SAS, desde la fachada hasta las tazas de café, abrió el camino a un grupo de diseñadores conocidos por combinar el frío funcionalismo con la belleza. Copenhague posee un rico legado en arte. La familia cervecera Carsberg fue una gran coleccionista: su Ny Carsberg Glypotek está llena de estatuas etruscas y piezas romanas. Al sur de la ciudad, la galería Arken de arte contemporáneo se abre paso al otro lado de los pantanos; al norte, la vista marítima desde el museo Lousiana resulta tan seductora como su arte moderno. Peter Hoeg y Lars von Traer, directores de cine, plantean retos a las normas existentes, la misma actitud que llevó a músicos de jazz norteamericanos (y en especial, al saxofonista Dexter Gordon) al Montmartre Club de la ciudad en las décadas de 1950 y 1960.





Después de la inauguración de un puente-tunel descomunal, en julio de 2000, entre Copenhague y Malmö (Suecia), se ha creado una metrópoli combinada llamada Oresund, la mayor ciudad del Báltico y del norte de Europa. Sin embargo, cabe sospechar que los barrios típicos de Copenhague (El elegante Kongens Nytorv, el bullicioso Vesterbro, la alternativa y un tanto dejada ciudad libre de Christiania) sobrevivirán, y que la ciudad seguirá contando con un menú de ambientes tan extenso como las opciones de smorrebrod que se ofrecen en el famoso restaurante de Ida Davidsen.

“Otras ciudades erigen estatuas de generales y potentados. En Copenhague te dan una sirena. Me parece estupendo”

Raulet Artillero

miércoles, 20 de junio de 2007

MARRAKECH, UN OASIS DE FRAGANCIAS








¿Existe en el mundo algún otro mercado tan sugerente como el de la plaza Djemma el-Fna, en Marrakech?



La verdad es que sin gente no tendría nada de especial, pues no cuenta con un monumento imponente ni ningún edificio de relevancia. De hecho, ni tan siquiera es una plaza propiamente dicha. En tiempos de los franceses era un aparcamiento y, en sus orígenes, albergó el cadalso de la ciudad, de ahí su nombre, que significa “la plaza de laos muertos”. En la actualidad, sin embargo, ha pasado a encarnar la vida misma y esa necesidad tan humana de relacionarse los unos con los otros bajo las más variopintas y maravillosas modalidades.



De día, la plaza se halla enmarcada por una serie interminable de carros con un sinfín de naranjas frescas listas para ser exprimidas. Dentro del perímetro, se expone todo tipo de productos y mercancías, desde teteras y tallas de madera hasta alfombras y artículos de marroquinería, además de las imprescindibles pastas dulces, los especiados tagines, ratatouilles y shashlik sobre un fondo de música y sonidos de todo tipo. De noche la plaza se transforma en una especie de circo felliniano donde tienen cabida desde prestidigitadores y malabaristas hasta boxeadores y encantadores de serpientes, todo ello con el humo y el aroma a especias de innumerables parrillas. También se puede escuchar el insistente tam tam de unos tambores, como si todo este caos formara parte de un meticuloso ritual de ejecución diaria.



Dentro, ya en las entrañas del zoco, se asiste a un festín idéntico para los sentidos, con una pesada mezcla de olores de fondo. Al pasar ante los innumerables puestos en los que se vende de todo entre polvorientos rayos de sol que, a duras penas, logran filtrarse por el techo, le asalta a uno el inconfundible aroma a canela entremezclado con el de sándalo y la madera de cedro, el del cuero y ese aroma nacional de Marruecos que es la menta. Con esas pirámides de azafrán y cilantro, y ese sinfín caótico de telas, lámparas y teteras que cuelgan del techo, el zoco de Marrakech es una auténtica cueva de Aladino.



Pero la ciudad tiene otras muchas cosas más aparte del mercado. Tanto las murallas, de un inconfundible color tierra rojizo, como las imponentes puertas de Bad Debbagh y Bad Aghmat, y la equilibrada mezquita de la Kutubia, todo un símbolo de la ciudad, han resistido el paso de los siglos en un perfecto estado de conservación, y ello a pesar de las atenciones de incontables pretendientes y saqueadores. Dentro de esas murallas no sólo hay una frenética actividad comercial, sino también un oasis de jardines como el de Majorelle, donde los protagonistas son los hibiscos, las buganvillas, las palmeras y los plátanos. Musa ahora de los perfumistas, todos estos jardines fueron antaño el refugio de intelectuales y estudiosos del Corán que hicieron de Marrakech el centro de la civilización marroquí, frente al conservadurismo de Fez.



Heredera de semejante tradición, Marrakech es, sin embargo, mucho más que una plaza y un paraíso de los aromas. Como la danza del velo, esconde tras de su mirada un misterio que constituye un autentico festín para los sentidos.

“No se puede vivir en Marrakech y no gustarte las fragancias. Aquí el perfume tiene un carácter místico, forma parte indisoluble de la vida misma” Serge Lutens. Perfumista.

miércoles, 13 de junio de 2007

RIO DE JANEIRO, LA EXPLOSIÓN DE LA SENSUALIDAD









No es posible sentirse culpable en Río, una ciudad bendecida con tantos encantos naturales que toda ella se ha convertido en una fiesta del hedonismo. Rodeada de selva tropical, montañas de granito y playas, Río ha sabido sacar partido de tan variopinto entorno. Los cariocas, que es como se conoce popularmente a los lugareños, suelen buscar el fresco y la sombra de las montañas, o bien se vuelcan por entero en la arena, donde aprovechan para cerrar algún que otro trato y de paso ligar, o se consagran al culto del cuerpo, la religión no oficial de Río.
Hubo un tiempo en que Río de Janeiro fue la capital de Brasil (Sus más fieles partidarios sostienen que todavía hoy en día sigue siendo la capital espiritual del país). Incluso en un momento dado llegó a convertirse en la capital del mismísimo imperio portugués, cuando tras la invasión de Portugal a manos de las tropas napoleónicas Dom Joäo VI hubo de trasladar la corte a Río. Los portugueses arribaron a este espléndido puerto natural el 1 de enero de 1502, y creyeron que se trataba de la desembocadura de un río de grandes dimensiones, de ahí el nombre con el que bautizaron al lugar, Rio de Janeiro, el “río de enero”, antes de proseguir con su expedición. Al poco, los franceses intentaron hacerse con el control de la región con la intención de crear una especie de Francia antártica calvinista. No deja de ser curioso pensar que, en caso de que finalmente se hubieran hecho con el poder, las jóvenes de Ipanema habrían tenido que vestir sayo y cinturón de castidad….
El descubrimiento de oro en las tierras del interior y el privilegiado emplazamiento de Río como puerto más próximo a dichas minas hizo que el lugar disfrutara de dos largos siglos de gloria y esplendor. La ciudad fue abriéndose paso por entre las montañas en dirección sur hacia Copacabana y más allá, y entró en el siglo XX con la aspiración de ser el París de los trópicos. Durante las décadas de 1950 y 1960, cuando Sao Paulo se convirtió en el principal centro comercial del país, Río entró en una fase de cierta decadencia y hubo de contentarse con asumir la condición de capital de la diversión y la fiesta. La ciudad cuenta con el carnaval más importante y deslumbrante de todo el mundo, e incluso hay un estadio consagrado a tal efecto junto a la playa, donde los participantes despliegan todas sus galas y llevan a todo el mundo el sonido de la samba, la música de la comunidad negra más pobre que ha acabado convirtiéndose en el himno nacional de Brasil.
De una manera harto peculiar, Río ha integrado a los pobres que viven en ella en unas condiciones del todo deplorables desde el momento en que las favelas se hallan justo en el centro de la ciudad, desde donde curiosamente se consiguen algunas de las mejores vistas. De hecho se han convertido en una parte esencial del paisaje urbano, al que incluso se organizan visitas guiadas, además, claro está, de los dos grandes símbolos de la ciudad: la montaña de Pan de Azúcar y el Cristo en la cima del Corcovado, a cuyos pies late el paraíso de la samba.